Historias en la ciudad

Las paredes de la ciudad

En ciudades como Nueva York, las paredes se han convertido en el soporte predilecto de muchos artistas. Sin embargo, algunos no solo plasman su arte. Algunos, además, se dedican a contar historias en la ciudad.

Historias en las paredes de Brooklyn

Brooklyn, NY.

A pesar de lo efímero que puede parecer hacer arte sobre las paredes, muchos han optado por pararse en la esquina opuesta del imaginario común: esa en la que las fachadas son un canvas inagotable. La misma donde la ciudad se convierte en un espacio ideal para contar historias.
Durante años, Brooklyn (NY) ha sido uno de los espacios más populares y recurrentes para el street art. Allá, en el conglomerado urbano neoyorkino, es donde Swoon (como se le conoce en la escena artística), decidió empezar a narrar historias.
Edline.

Edline.

Como la artista supo muy pronto que lo suyo no eran las galerías ni los museos, en 1999 y mucho antes de graduarse del Instituto Pratt, donde estudió, Swoon salió a la calle y eligió las fachadas, los muros, las paredes y todo aquello que como espacio tuviese voz, incluso antes de ser intervenido. Esa elección, al mismo tiempo, la enfrentó a una serie de contratiempos que los exteriores le suponen al trabajo de cualquier artista: la exposición al ambiente, la fragilidad de los materiales, la vulnerabilidad de la obra y el uso de un espacio que, así como le pertenece a uno… le pertenece a cientos más.
“I wanted to embrace the world”
El deseo de hacer parte de algo más grande que ella, la motivó, desde hace varios años, a retratar a aquellos a quienes se cruza, a quienes conoce… a quienes, sin distinción, transitan la ciudad. De esa manera, ha convertido a los ciudadanos, a sus vecinos e, incluso, a sus compañeros de trabajo, en protagonistas de historias que duran, ¡claro!, la longitud de una pared.
Kathryn G, vecina de la artista.

Kathryn G, vecina de la artista.

Brooklyn, NYC

A pesar del deterioro, del papel rasgado y de las pinturas desvanecidas, muchas personas afirman que al ver los retratos de la artista, identifican caras, o, incluso, conocen alguna historia detrás de ellas. Ese proceso de identificación confusa y fragmentada, ocurre al mismo tiempo en que los neoyorkinos caminan, recuerdan, se alegran, cruzan la acera, se llenan de nostalgia, se preguntan dónde han visto al sujeto retratado en la pared y al final, un par de cuadras adelante, se reconocen envueltos en una historias de autoría, al parecer, anónima.

Aquél fenómeno sigue siendo un misterio para muchos. Sin embargo, para Swoon es evidente: las personas que retrata pasan desapercibidas. Luego, una vez habitan la pared, ellos y los transeúntes son abarcados por el relato del espacio, ese espacio, que le pertenece a todos. Una dimensión donde la artista logra que las paredes, los ciudadanos y su obra, se conjuguen y cuenten una historia en la ciudad.

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*Todas las fotos utilizadas en esta publicación son propiedad de Jaime Rojo.

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